EL CALVARIO DE LA VIRGEN DE URKUPIÑA

El 16 de agosto no fue un día cualquiera en Cochabamba. Como todos los años, miles y miles de peregrinos se dirigieron hasta el cerro de Cota en un acto de fe y devoción a la “Mamita de Urkupiña””, como se suele llamar a la Virgen María de Quillacollo.
No hay aún datos oficiales, pero tengo la sensación de que este año, la llegada de feligreses y devotos de la Virgen de Urkupiña, fue mucho mayor en relación a años anteriores. Algunos dicen que es muy probable debido a la grave crisis económica que afecta a gran parte de los bolivianos. Lo cierto es que, durante todo el día, la cantidad de gente aglomerada en la ruta al calvario era abrumadoramente multitudinaria.
Lo lamentable de esta fecha, es que una vez mas las autoridades de la Alcaldía municipal, han demostrado su inoperancia y su desdén en la organización y control del más importante acto de devoción anual en Quillacollo.
La primera constatación es la excesiva mercantilización de la Festividad de la Virgen de Urkupiña. “Hay más vendedores que peregrinos”, decía un transeúnte al observar la cantidad inmensa de comerciantes que han convertido la fe y la devoción de estas fechas, en una oportunidad para lucrar sin el más mínimo control municipal sobre la calidad, precio y legalidad de lo que venden. El visitante no solo tiene que lidiar con el tumulto de devotos, sino también con el mar de comerciantes que obstaculiza todas las rutas que llevan al Calvario.
Pero el camino principal que lleva a la capilla del cerro de Cota, no ha cambiado un ápice en el mejoramiento de la misma. Desde hace muchos años, sigue siendo la ruta angosta que genera grandes aglomeraciones de personas, gritos, empujones y peleas esporádicas por el estrés. El peregrino se ve sometido a la incomodidad de la muchedumbre, los comerciantes, el polvo que levanta el viento de temporada y el humo a raudales de los negocios de comida. Por si fuera poco, la terrible contaminación acústica de locales bailables que entran en competencia para saber quién pone la música más fuerte.
Unos metros antes de llegar al santuario, se debe cruzar un río de olores nauseabundos, de aguas fétidas y podridas, que ninguna autoridad de Quillacollo se preocupa de evacuar y limpiar, al menos por estas fechas. Aparte del puente de la ruta principal, existe un puente colgante ridículo de menos de 2 metros de ancho, que no contribuye en nada al desfogue del puente principal.
Lo grave del caso es que estos problemas no son de ahora, son de hace muchos años atrás y a la Alcaldía no parece interesarle absolutamente nada sobre el particular, continúa en la línea del no me importismo total. Tenemos un alcalde que prefiere estar en peleas políticas banales, pero no atiende estos problemas básicos de la festividad. ¿Hasta cuándo continuará este calvario de los visitantes a la Virgen de Urkupiña? ¿Así quieren las autoridades del Ejecutivo municipal que esta festividad se declare Patrimonio Intangible de la Humanidad? (FUENTE: boliviainforme.com – Carlos Millares – Periodista




