Paz cumple seis meses con ajustes, crisis de combustibles y protestas

Con información de EFE – Rodrigo Paz cumple medio año en la Presidencia con problemas en el área de hidrocarburos e intentos de resolver la crisis económica, resistidos por los sectores sindicales que fueron afines a los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce, y que incluso piden la renuncia del Jefe de Estado.
Paz tomó juramento el 8 de noviembre de 2025 en medio de una crisis económica marcada por el desabastecimiento de combustibles, la falta de dólares y una elevada inflación.
Ante este panorama, entre las primeras medidas que impulsó estuvieron la búsqueda de financiación externa con fines productivos, el retiro de la subvención a los combustibles vigente durante más de 20 años y un recorte del gasto público de 585 millones de dólares, equivalente al 1% del producto interior bruto (PIB).
El objetivo de estas medidas fue restituir la liquidez de dólares, afectada desde principios de 2023, y eliminar las filas de vehículos en busca de combustibles que fueron habituales en los dos últimos años del Gobierno de Arce (2020-2025).
En el Presupuesto General del Estado Reformulado (PGE) que presentó el Ejecutivo se proyecta para este año una inflación de 14%, frente al 20% registrado en 2025, y un déficit fiscal de 9%.
La estimación de crecimiento económico del Gobierno para este año es cercana al 1%, aunque organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) prevén caídas de 3,3 y 3,2%, respectivamente.
El mayor problema para Paz fue la venta de gasolina en mal estado, que confrontó al Ejecutivo, sobre todo, con los transportistas que vienen realizando una serie de paros, la más reciente el martes, para exigir un resarcimiento por los daños causados a sus vehículos.
El conflicto por los combustibles le costó el puesto al hoy exministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinacelli, mientras que el Gobierno ofreció una disculpa a los transportistas y aseguró que hoy el problema está prácticamente resuelto.
A esto se sumó la crisis en YPFB, que en estos seis meses tuvo tres presidentes y estuvo envuelta en denuncias de corrupción que, según las autoridades, se arrastran desde gestiones anteriores.
En este medio año, Paz también optó por rodearse de colaboradores técnicos, lo que supuso tomar cierta distancia de las organizaciones sociales y los sindicatos que fueron aliados políticos y la base social de las administraciones de Morales y Arce.
El Gobierno mantuvo tensiones con estos sectores, principalmente con la Central Obrera Boliviana (COB), que a principios de año realizó una huelga contra el retiro de la subvención a los combustibles y que ahora exige, mediante protestas callejeras, atención a otra serie de demandas.
Los sindicatos reclaman un aumento salarial del 20% y rechazan el anunciado cierre de empresas estatales deficitarias, una medida que consideran una “privatización encubierta” impulsada por el Gobierno de Paz para reducir el gasto público en medio de la crisis económica.
El Ejecutivo descartó conceder ese incremento salarial y planteó sustituir el tradicional “pliego petitorio” sindical por acuerdos basados en proyectos productivos.
En respuesta, la COB convocó a un paro general indefinido con protestas, lo que fue calificado por el Gobierno como “un intento desestabilizador” de algunos sectores que buscan “recuperar el espacio político” que tuvieron en años anteriores.
En medio de estas tensiones, algunos ministros del Gobierno aseguraron que en este medio año se logró estabilizar al país sin que esto haya generado un “alto costo social” y también se dio inicio a la devolución de los ahorros en dólares de forma progresiva.
Paz llamó hace unos días a iniciar una “nueva etapa”, para lo cual el Gobierno organizará este sábado un “gran encuentro nacional” destinado a delinear una agenda de desarrollo para el país.
Hay días en que parece un reformista moderado de centroderecha, preocupado por estabilizar mercados y ordenar cuentas públicas. Otros días habla como un socialdemócrata preocupado por no perder sensibilidad popular. Y luego están esos momentos en que intenta quedar bien con todos al mismo tiempo, como si gobernar fuera un concurso de simpatía.
El Presidente debe comprender que, en momentos de crisis profunda, un gobierno necesita, más que moderación discursiva, claridad. La ambigüedad puede servir en campaña; en el poder, suele convertirse en desgaste.
Intentar quedar bien con empresarios, sindicatos, transportistas, clases medias urbanas y sectores populares al mismo tiempo suena conciliador, pero también transmite la sensación de un gobierno que todavía no decide exactamente qué quiere defender cuando el conflicto aprieta. Y hay una verdad incómoda que la política boliviana suele confirmar tarde o temprano: con Dios y con el diablo no se arma un buen trío.




